Mostrando entradas con la etiqueta David Zuleta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Zuleta. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El color de mi ciudad




Si tuviéramos que elegir una paleta de colores para representar a Bogotá en el imaginario de sus habitantes diríamos que debería ser verde, azul y gris. En una encuesta reciente que actualiza comparativamente una pregunta del proyecto de Imaginarios Urbanos de Armando Silva, los bogotanos caracterizaron a su ciudad dándole prioridad a esos tres colores así: verde 25%, azul 19%, gris 15%. En contraste, en la encuesta de Armando Silva publicada en el 2003, la ciudad se coloreaba entre gris y amarilla. El primer color tenía, según el estudio de Silva, un significado climático (Bogota nublada)  y sentimental (Bogotá melancólica), mientras que el segundo color obedecía a una construcción aportada por personas que migraban a la capital de zonas con climas calientes. En esta nueva medición del color urbano, que tiene la ventaja de comparar a Bogota con otras ciudades principales e indagar por las razones de selección de los colores, el gris ya no es el color más destacado. Sin embargo, Bogota es la única ciudad que incorpora ese color en su paleta.
El estudio sugiere que la ciudad se percibe más verde en relación con la naturaleza. Esa asociación puede tener su explicación en una transformación objetiva de la ciudad: según el Observatorio Ambiental de Bogota (http://oab.ambientebogota.gov.co/index.shtml?s=i&v=4&p=21, los indicadores  de vegetación y arborizado urbano han aumentado notablemente en los últimos años (2007-2011), en materia de árboles por persona, árboles por hectárea y cobertura arbórea. 

La asociación azul-Bogota es por el contrario subjetiva, puesto que las razones declaradas muestran que ese color se elije por ser el favorito, especialmente entre las mujeres. Así que a la ciudad se le asigna un color que es una proyección de las preferencias personales y no el resultado de algún estimulo cromático que ofrezca el paisaje urbano. 

Finalmente, la asociación con el gris es más simbólica y arbitraria, porque los consultados que identifican  a Bogotá con ese color, lo hacen para connotar aspectos negativos, como la violencia, la suciedad y la contaminación. 

Esta recreación cromática de la ciudad posee una aplicación directa en la representación comunicativa bogotana de cara a sus habitantes. Por ejemplo, la más reciente imagen de marca ciudad, “Bogotá es +” incorpora una gama variada de colores rojo, amarillo, verde, azul y negro, aunque es necesario aclarar que esta selección no está diseñada pensando exclusivamente en una audiencia local, sino que también tiene en la mira al publico de visitantes extranjeros.

Gfk Colombia
David Zuleta Soriano
Analista Semiótico

viernes, 4 de noviembre de 2011

Historias de Fulano de Tal


Del despilfarro de los deseos.
A Juan Camilo C.


La mesera se acerca a la mesa 15, donde está Fulano de Tal sin saber que es la mesa 15. En silencio, comienza a recoger toda la platería que tiene reminiscencias orgánicas de una cena saludable. Cuando termina de levantar todo, pregunta: 


—¿Desea algo más señor?  


Fulano contesta con una sonrisa entre amable y ladina 


—Deseo que escampe. 


De súbito, la lluvia, que era desmesurada, cesa y Fulano voltea a ver a la mesera respirando confundido. Ella lo mira con una sonrisa entre amable y ladina y le dice:


—Ya solo le quedan dos, señor.


David Zuleta Soriano

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Historias de Fulano de Tal

Mc Poesía

A Fulano de Tal le contaron que William Blake vivía cada instante como si fuera poesía, pero Fulano sabe que eso no puede ser cierto a menos que se haga una poesía mundana, no de la muerte o la vida, el amor, el tiempo o la guerra, sino de los centros comerciales, los Premios Grammy, los X Games, las divas, la cacharrería doméstica, los cortaúñas, los detergentes para la ropa, o esas bebidas hidratantes que tienen botellas centelleantes y contienen líquidos halógenos. Por eso Fulano decidió redactar toda una antología poética a Mc Donalds, en donde se versifica toda la línea de producción y distribución: Mc Nocturno®, Mc Elegía®, Mc Trova®, Mc Alejandrino®, Mc Oda® y este Mc Soneto® que fue la única pieza que se pudo rescatar, porque a Fulano se le va el tiempo jugando frisbee y es muy indisciplinado con la métrica, y por eso acaba botando todos los borradores a la caneca de basura que tiene en la cocina: 

Mc Soneto®
El título del producto puede diferir de la realidad

En la ciudad de Babel todos los hombres  comían igual
Me encanta
y hablaban el mismo alfabeto gastronómico irreal
I’m lovin’ it
Tentación
C'est tout ce que j'aime
 Y construyeron una torre dorada de fierro plástico
Love ko 'to
Ilusión
Ich liebe es
Y desafiaron al cielo con su edificación
Amo muito tudo isso
Confusión
Işte bunu seviyorum
Y el menú se volvió un créole
Castigo
Akid behibuhu
Ya no fue el mundo mágico
…any more
Mc Menú Criollo

lunes, 5 de septiembre de 2011

Reflexiones sobre la cultura material 4

Esbozo para una semiótica del anillo de bodas.

El anillo de bodas está atravesado por un lenguaje semiótico más o menos estable. Su razón de ser no es otra que la del símbolo. El grado cero de la funcionalidad. Su valor como objeto precioso descansa justamente en que no sirve para nada. Nada de utilidad práctica, ni sistema productivo, ni servicio estructural. Es el ornamento-signo por excelencia. La joya sagrada en las estanterías profanas de la bisutería de Tiffany, Tacori, Kay Jewelry y Shane Company: pendientes, cadenas, eslavas, relojes, todos accesorios exorcizados del aura místico religiosa que antaño los poseía. El anillo de bodas sin embargo, resiste la desacralización absoluta. El ritual de su intercambio solo es válido en el marco encantado de una ceremonia.

Pero ¿Cómo es que se escribe el lenguaje de los anillos en la cultura material contemporánea?

Existe un código de material en el que residen todos los significados económicos. El standing del anillo es metalúrgico. Es decir que las propiedades del metal son las que más inciden en la simbolización del prestigio. Color, duración, pureza, espesor, anchura, incrustaciones, son las variables que se aplican a una gama creciente de metales, que van desde la plata pura, para aquellos con un presupuesto ajustado, hasta el platino; pasando por una nómina exótica que incluye al paladio, el tungsteno, el zirconio y el titanio. No obstante, el oro sigue ocupando un lugar especial. Es la materia clásica de la joyería nupcial. De hecho, en el folclor inglés se creía que era  de mala suerte, o incluso ilegal casarse con un anillo forjado con algo distinto al oro. En Europa, aquellos que no podían pagar un anillo de oro, eran provistos con uno, que se les retiraba inmediatamente después del ritual. Pero la maldición o la ilegalidad no son válidas en la actualidad. En el discurso de las joyerías, la lógica de la ostentación y la diferencia socioeconómica se disimula bajo el discurso de la duración. En una transacción económica mundana, la única justificación para ofrecer materiales extravagantes  es esa propiedad no perecedera de todos los metales: Life is too short, and love is too long to settle for anything less. Platinum Savvi. Find the ring that fits your love and your life. La perennidad del metal es la base mitológica para el consumo del anillo moderno.

El segundo código es de colocación. El anillo tiene una posición asegurada en el anular diestro o zurdo, según la tradición que prescriba la ceremonia. Es el dedo del corazón, el digitus quartus o la “vena amoris” de los romanos. Un anillo que se porta en otros dedos es una aberración del código. Una herejía semiótica, la retórica del código o, cuando menos, un anacronismo renacentista. El pulgar moderno resulta demasiado plebeyo para coronarlo con la argolla.

Adicionalmente, también existe un código de diseño. El contorno redondeado, símbolo del tiempo eterno y circular, se construye por contraste al diseño del Solitario de Compromiso. No hay una piedra dominante. Es un diseño liso, o  incrustado con una línea de pedrería diminuta. Algunas otras configuraciones que se ajustan a esta composición admiten los surcos labrados o los arreglos intricados de inspiración rúnica o celtica. El anillo moderno queda así  sujeto a una lógica del styling. Lo clásico y lo chic tienen derecho de coexistencia siempre y cuando no se confundan con el anillo de compromiso, porque el riesgo del Solitario es ofuscar el casamiento con la promesa, la esposa con la prometida; en una palabra, el riesgo de un conjunto de tramas y equívocos en el estado civil, vehiculada por la imprecisión significativa de los signos del diseño.

El anillo de bodas también está inscrito en un código de género. La joyería nupcial es heterosexual. Un anillo macho y otro hembra. Los anillos no se manufacturan más en unidades, en tríos, o con un diseño simétrico, porque el tamaño del contorno siempre sugiere la diferencia de los sexos. El anular robusto y masculino o la esbelta figura del dedo femenino.

Todos esos códigos construyen la semántica muda del anillo: la huella digital del estado civil, el estatus, el amor, la posesión, la afiliación religiosa, o la duración de la relación. Pero quizá,  el deleite final del desciframiento de los códigos sea siempre el guiño retorico, en este caso el guiño de la publicidad: Affinché morte non ci separi:



David Zuleta
Septiembre: Mes del Amor y la Amistad

jueves, 25 de agosto de 2011

Historias de Fulano de Tal

Lenguas romances

Fulano de Tal decidió leer la Divina Commedia en italiano,  edición de lujo, con notas menudas en inglés, que en conjunto son como una enciclopedia medieval, y que le regaló un amigo esnobista que viajó a Italia y se la robó a un mercader de bagatelas. Cuando estaba leyendo Il Purgatorio, por allá en la página 203, impresa en papel Kimberly texturizado, se acordó de que no sabía leer en italiano, y de que tampoco era esnobista, que son las únicas dos razones que Fulano se imagina que existen para leer la Divina Commedia en italiano. Después de semejante revelación, se paró molesto, y puso el libro edición de lujo de pasta dura, forrada en cuero de yak, en la biblioteca de la sala, debajo de la repisa del televisor, que es a donde van a parar todos los libros que no sirven para nada. Lo puso con el lomo de para dentro, para que nadie viera el título y se lo pidiera prestado.
24 de Agosto, 2011.
Aniversario del nacimiento de Borges.

David Zuleta

martes, 23 de agosto de 2011

Historias de Fulano de Tal

La felicidad siniestra

Fulano de Tal es zurdo en el fondo. Canta como si fuera zurdo, hace la fila del cine como  si fuera zurdo, usa el reloj como si fuera zurdo y también se esfuerza en leer como zurdo.  Desde niño se ha sentido zurdo, pero sabe que nació atrapado en el ominoso cuerpo de un diestro. El 3 de Noviembre, en la página 7 del periódico local, saldrá publicado el clasificado de un médico que ideó una cirugía experimental  de “cambio de cuerpo”, pensada para toda esa población del  mundo que se siente condenada a un cuerpo que no le pertenece. El único riesgo, asegura el médico en una entrevista exclusiva, es que la cirugía es tan efectiva que los que se someten a ella podrían empezar equivocadamente a pensar que son diestros atrapados en el cuerpo de un zurdo. 

3 de Noviembre a las 8 AM: Fulano de Tal está leyendo el periódico local en la página 7. 

David Zuleta

viernes, 19 de agosto de 2011

Reflexiones sobre la cultura material 3

“Amantes de la belleza formal y de la inutilidad potencial”
La Navaja del Ejercito Suizo  fue la multiherramienta de la sociedad industrial. El Smartphone parece ser su equivalente en la sociedad de la información. Aquella fue diseñada para la supervivencia en la guerra y ha sido apropiada contemporáneamente por una especie de bricoleur doméstico, por algún usuario aventurero o por un nostálgico coleccionista. El Smartphone, por contraste se consume bajo el imperativo de una supervivencia en los negocios (en todo caso, siempre queda la sospecha de la metáfora bélica) o de un entretenimiento sofisticado. Diversidad, ingenio, hiper-, multi-, poli-, todos recursos verbales que pertenecen a la retórica de la síntesis: All in one. All in a single unit. El Frankenstein de los artefactos: un agregado de tecnologías PDA, celular y computadora. El universo entero resumido en un objeto que cabe en el bolsillo. El diseño miniaturizado. La apoteosis de la mano como escala del objeto técnico. “La eficiencia liberada del espacio”.

Pensar en el Smartphone es como ver la materialización extravagante del gadget de Baudrillard. Su sentencia de que “para cada operación tiene que haber un objeto” se puede reformular así, “para cada operación tiene que haber un app”: abundan,  se propagan, se crean con funciones extraordinariamente específicas, que a la postre terminan siendo perfectamente inútiles: Face Mapping, Calorie Counter, MyLifeOrganized, WorldMate, Sky Map, Localicious, Apparatus, HNHSoft 2Go Talking Phrase Books, DivX Mobile Player v0.93, y ésta otra con un nombre que encierra toda la filosofía de los apps: Doit (Tomorrow) the todo app for procastinators.

Sin embargo, la mistificación futurista del gadget, todavía permanece elusiva al Smartphone. Se trata del cuerpo-gadget, el cyborg, El Inspector Gadget. La personificación del artificio, que caracteriza la ensoñación funcional integrada y, con paradójica comedia, también la torpeza. El Smartphone, en cambio es externo: Un apéndice, “una extensión del cuerpo” en la terminología de McLuhan, pero nunca una in-corporación. Lo interesante es tratar de definir qué parte del cuerpo se extiende. El telescopio era una prolongación del ojo, pero el Smartphone se propone como la extensión del sistema nervioso. La prótesis de la inteligencia cerebral: ¡no en vano se denomina Smart-!. Procesa, organiza, comunica, optimiza la creatividad. Y en eso radica su segunda diferencia con el Inspector que se asemeja más a la Navaja del Ejercito Suizo, con un sinnúmero de prótesis mecánicas, hélices, lupas, encendedores, destornilladores; en suma,  una caja de herramientas portátiles. El Smartphone, por el contrario es pura información. Se nos aparece comercialmente bajo la oferta de un plan de datos. El hombre al que da lugar ya no es un Homo Faber, o fabricante manual, sino un intelecto informático con pulgares diestros. Aún más, también sería una especie de Homo Ludens, que se entretiene y se interesa en la diversión. De hecho, el apartado de Baudrillard sobre el gadget en La sociedad de Consumo, se titula justamente El gadget y lo lúdico. “Un juego con las posibilidades combinatorias”, la exploración laberíntica de las funciones, la fascinación por la innovación acelerada, el descubrimiento infantil, y la manipulación, la curiosidad vaga o apasionada por el «juego» de los mecanismos, el juego de los colores, el juego de las variantes” “pero que no alcanza ni puede alcanzar la libertad simbólica que tiene el juguete para el niño”.

David Zuleta

Bibliografía Sugerida.
Baudrillard, J. (2009 [1970]) La sociedad de consumo. Sus mitos, sus estructuras. Madrid: Siglo XXI Editores.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Reflexiones sobre la cultura material 2

El haiku de las telecomunicaciones

Al contrario de los planes de voz, que ofrecen comunicación y cobran tiempo[1], los SMS sí emplean unidades propias de la escritura (caracteres) para establecer su modelo de negocio. Aunque siempre se podría sugerir un razonamiento sutil y decir que los planes de texto venden espacio (la escritura es espacial). El espacio confinado de una pantalla de 3 x 2 cm. Sin embargo, en última instancia es mejor decir que lo que se cobra es un número de bits de información que ocupan un espacio virtual, no real. 

Pero los SMS también modelan la comunicación del mismo modo que la telefonía de voz. La escritura que soportan  puede ser caracterizada como un enunciado telegráfico, sintácticamente más simple (con ausencia de preposiciones, de oraciones subordinadas, de conectores causales, etc.) y con varios tratamientos ortográficos y morfológicos que le añaden un tono lúdico y práctico a la vez.

Existe incluso la tentación de pensar en el nacimiento de un género discursivo. El haiku de las telecomunicaciones. Pero para que los SMS sean considerados un género deberíamos ser capaces de identificar una serie de rasgos como: 


Extensión: aproximadamente 160 caracteres por mensaje, dependiendo de la marca y modelo del celular.
Tema: existe una nómina virtualmente infinita de posibles temas, sin embargo, los diseñadores de contenidos, han propuesto algunos mensajes prefabricados, presumiblemente basados en alguna investigación de mercados: “Estoy en reunión", "Llámame más tarde”, “Llegaré tarde", "Estaré allí a las …” “Nos vemos en…” etc.
Registro: enunciación en segunda persona, un tono informal, íntimo, plagado de marcas de subjetividad. 

No obstante, ninguno de esos rasgos parece ser suficiente para la institucionalización de un nuevo género. Se requiere de una cierta legitimidad social que los SMS aún no tienen. En otras palabras, sería necesario que una suerte de tribunal social, con autoridad para decidir lo que es un género, autenticara esta modalidad de escritura y la declarara parte de los tipos de discursos que usamos: crónica, autobiografía, carta, etc. 


Lo que realmente importa es que, pese a que no tenemos un nuevo género discursivo, el celular sí parece tener el poder de disciplinar nuestras interacciones, modelando nuestros hábitos comunicativos. Al decir de Paula Sibilia, estamos ante la sociedad más alfabetizada de todos los tiempos. En parte, claro, gracias a los SMS: Leemos más, pero en pequeñas dosis. Píldoras  textuales. O, para decirlo de otro modo, dejamos de ser lectores intensivos (que leen y releen pocos documentos), para convertirnos en lectores extensivos, expuestos a una proliferación desmesurada de textos de extensiones acotadas. 


Bibliografía sugerida
Sibilia, P. (2008) La intimidad como espectáculo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

David Zuleta


[1] Ver Reflexiones sobre la cultura material 1. Minutos a $200

Reflexiones sobre la cultura material 1

Minutos a $200



Es fácil pensar que el negocio de la telefonía es la comunicación. Sin embargo, todos sabemos que el discurso económico de los operadores telefónicos no hace sino ofertar tiempo. “Tiempo al aire”. Y el advenimiento de la tecnología celular se estableció bajo el mismo principio que su predecesor de telefonía fija, introduciendo una diferencia de grado y no de cualidad.  En otras palabras, el verdadero contraste entre una tecnología y la otra, es que el celular le impone al usuario una conciencia intensificada de la duración de una llamada, porque integra un temporizador. Nuestra voz se mide en tiempo. 

Así que la comunicación queda enmarcada en una economía temporal aunque, informacionalmente, la verdadera transacción ocurre en términos de señales que van de un emisor a un receptor, según el célebre modelo Shannon y Weaver. Semióticamente, el producto incorpora incluso un código y un feedback. Y técnicamente lo que existe son frecuencias distribuidas a lo largo de células o celdas localizadas en toda la ciudad.  Pero ningún operador establece sus tarifas basados en el número de señales, o  de feedbacks que se pueden contar durante una interacción telefónica. Tales unidades resultan ineficientes, porque no existe un soporte tecnológico y una teoría suficientemente desarrollada que las mida en tanto que magnitudes discretas, al menos, no sin irrumpir en la privacidad de los participantes. El tiempo sin embargo es una noción mensurable y convencional. La paradoja entonces radica en que un negocio que vende telecomunicaciones, cobra tiempo. Alguien está equivocado: o los operadores no saben nada de las teorías comunicativas, o esas teorías no han sabido incorporar el tiempo en sus modelos. 

La consecuencia final de esa confusión es que el tiempo como unidad de medida impacta nuestro modo de hablar por teléfono. Todas las estrategias de interacción deben ajustarse a una línea temporal, de por ejemplo cinco minutos, según lo prescriben algunos planes de telefonía de voz prepago. Dentro del marco de esos planes, el usuario debe suspender la interlocución, generando estrategias verbales de interrupción y reanudación de los turnos de habla. Los hablantes integran un repertorio de recursos discursivos para colgar y/o restablecer el dialogo. Hablamos entrecortadamente. La duración de lo que decimos es proporcional a nuestro presupuesto. Nada nuevo. Solo que ahora está cronometrado.

Bibliografía sugerida 

Castells, M. Fernández M. Linchuan J. Sey, A. (2007) Comunicación móvil y sociedad, una perspectiva global. Barcelona: Ariel – Fundación Telefónica.

Woodward, I. (2007). Understanding Material Culture. London: SAGE Publications Ltd. 

David Zuleta

lunes, 8 de agosto de 2011

Historias de Fulano de Tal

Historias de Fulano de Tal

Otro Cliché (otrO1 Chiclé)

En un lugar de Bogotá, de cuyo nombre no quiero olvidarme, dos bebes de nombre cualquiera; Fulano y Zutano, Rómulo y Remo, Castor y Pólux, nacen en el mismo lugar, a la misma hora del mismo día, pero de madres distintas, la una pobre y la otra rica. Con torpeza, la enfermera los confunde en la sala de maternidad, intercambiando sus nombres, para luego entregarlos por error a sus madres correctas. Desde entonces los bebes comparten destinos cruzados.
1. Este “otrO” está silabeado al revés, pero a nadie le importa.

Nada es lo que creen

9.00 de la noche: reloj de la tiendita de en frente del Antiguo acueducto de la Avenida de Chapultepec. Fulano de Tal la despoja de tanta ropa y de tanta espera y le lame la epidermis desnuda. Ha ansiado  todo el día que todos se vayan para comérsela: —al fin sol0s chaparrita cuerpo de uva—. Su jefe lo descubre y le recuerda el versículo 3 del  capítulo 3 del Génesis —“…Del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis”—. El jefe lo expulsa del paraíso por comerse las frutas de la Fruit Company S.A.

La Industria Editorial

Fulano de Tal viaja a Ecuador, donde escribe una novela intitulada “Sin Melones no Hay Paraíso”. El título de la novela es censurado en Colombia y tiene que ser traducido para poder entrar al mercado local.


Reggaetón Zanahorio  by Fulanito de Tal

Showtime¡  tres días después de habernos conocido Simona y yo, le dije yo, mira aquí  petit bombón, no te ensucies ni el delantal ni el corazón. Ahí tienes el aceite, el azúcar las nueces, solo falta la acción.  Solo añade choclo meclo a la salsa y no dejes que cloquee el reloj ni uses ingredientes clon. En un cucharón con agua hirviendo, añade condimento, escalda las mollejas y frita el chicharrón. Agrega zanahoria en el horno engrasado y haz que todo quede bien guisado

360º F, el plato se sirvió en el salón.
“450 recetas de la gastronomía latinoamericana en un libro”

In-nominado al Nobel de literatura, solo por firmar:
Fulano de Tal
 



David Zuleta